domingo, 11 de septiembre de 2011

Atando cabos (primera parte)


Éste será un relato corto que se compondrá de varias partes, lo que pretendo es la realización de un ejercicio narrativo sin más, la idea de este relato viene martilleando mi cabeza estos últimos días y me apetecía sacarla a la luz, espero que os guste.

John Brown se encontraba en la consulta del prestigioso médico Oncológico Mr. Julius Lloyds, a partes iguales seco y frío en cuanto a su carácter como un extraordinario Doctor, si la enfermedad tenía solución él era tu hombre, ante la noticia que sin lugar a dudas podía truncar para siempre su existencia. John, aparentando sosiego  pero con cierto grado de incertidumbre, le preguntó no sin tartamudear al principio "¿es grave Doctor?, ¿tiene cura?, ante  lo cual el Doctor con ese flequillo canoso que le daba un aire de aristócrata transnochado le espetó con la seriedad que le caracterizaba "John, debo decirle desgraciadamente que no tiene cura, aunque quisiéramos no podríamos extirparle el tumor que se encuentra alojado en su cerebro, es muy muy grande, a partir de este momento debe arreglar sus papeles con premura, debe atar cabos sueltos antes de que…" Se quedó en silencio, mudo, como si no quisiera pronunciar la palabra fatídica , palabra que nunca llegó a salir de su boca pues John  le interrumpió con otra pregunta propia de un hombre impaciente como John era, "¿cuánto tiempo me queda de vida?", y Julius agachando su cabeza y sin poder mirarlo a los ojos le contestó "dos meses, a lo sumo tres". A John le hacía mucha gracia aquel chascarrillo del siempre genial Woody Allen que sugería las dos palabras más bonitas de escuchar "es benigno", en ese momento no pudo evitar pensar en ello y sonreir levemente, probablemente por última vez por la ironía macabra que suponía esta situación.

John, después de pasársele millones de cosas por su cabeza en cuestión de segundos, se levantó y le agradeció afectuosamente sus servicios marchándose sin más del lugar, todo ello lo hizo por instinto, mecánicamente, no podía pensar en otra cosa que no fuera la muerte y en ese fuerte dolor de cabeza que no le abandonaba desde hacía varios años. No supo discernir cómo salió de la consulta ni cómo anduvo varios pasos más allá antes de desmoronarse como un castillo de naipes en el primer banco del parque que halló; lloró desconsoladamente y sin parar durante minutos que le parecieron eternos, y esas lágrimas casi sin pretenderlo se tornaron en paz, una paz absoluta consigo mismo, ahora lo más importante para él una vez asumido ese golpe duro de digerir era seguir el consejo de su médico, debía arreglar las cosas, atar cabos.

Con una vitalidad inusitada para un hombre de 61 años, recorrió las calles a grandes zancadas con dirección a su casa, un palacete de 300 metros cuadrados de piedra y recuerdos, donde debía pensar qué hacer para que todo quedara en orden. Lo primero que hizo fue dirigirse como alma que lleva el viento hacia su lugar favorito de la casa, su biblioteca, habitación donde pasaba las horas muertas leyendo, escribiendo notas en el mayor de los casos sin sentido, en definitiva  pasando el tiempo libre que el trabajo y sus quehaceres le dejaban; John ya no trabajaba, sencillamente no le hacía falta y vivía de las rentas que le generaba la venta tiempo atrás de su empresa. Tomó el papel y la pluma de las grandes ocasiones y empezó a escribir:

"Cosas ineludibles antes de morir:
Primero.- El testamento". En este punto frenó sus ansias de escribir, la verdad es que este tema ya quedó finalizado y finiquitado hacía varios años; había decidido, ya que no tenía esposa ni hijos, dejarle todos sus bienes  a partes iguales a sus hermanos Rufo, Gandolfo y Suzanne, a excepción del Bentley, joya automovilística donde las haya, que le había prometido a su sobrino favorito, hijo menor de Gandolfo llamado Charles, un chico entradito en carnes, tímido y enormemente inteligente, no sabía como ni porqué pero le recordaba a él cuando tenía su edad.
Puso una señal de realizado y siguió escribiendo:

"Segundo.-  Hablar con la familia del suceso". Posíblemente eso fuese lo más difícil para John, pues siempre había sido una persona reservada; pensaba que si no hablaba de sus problemas y se dedicaba a resolverlos, su familia no sufriría y también le serviría para no remover algo que le pudiera hacer daño, algo que sencillamente odiaba, le repugnaba comentar lo que podía preocuparle pues demasiado tenía con que tal o cual problema se quedara en su cabeza para  luego encima tener que explicarlo. En esta ocasión la diferencia estribaba en que si hablaba de ello los demás podrían sentir lástima por él, sentimiento que por nada del mundo deseaba que le ocurriera, por lo que, y después de haberlo sopesado durante varias horas, decidió que lo mejor sería no contar la noticia y que cuando ya fuera evidente por no poder salir del hospital para pasar sus últimos días ya no sería necesario ningún tipo de explicación. Sí, con decisión escribió en su papel "Segundo.- Hablar con la familia del suceso: No lo haré, no quiero hacer sentir lástima a nadie.".

Un vez hubo escrito eso y con un peso de encima menos, con trazo firme empezó a escribir "Tercero.-". Dios, pensó, ¿no tengo un tercer punto?, ¿ha sido tan triste mi existencia que ni siquiera he dejado cabos sueltos?. Entonces, le vinieron a la mente ciertos recuerdos difíciles de explicar, sucedieron hace muchos años cuando su adolescencia llegaba a su fin; John era ya un hombre pero no se comportaba como tal, había enamorado a mujeres y luego las había dejado, las recordaba muy bien, Julia, su primer amor, y Constanza, qué mal se portó con ellas, las dejó sin más y ni siquiera tuvo la deferencia de disculparse por su actitud ni les dijo la razón por la cual las dejaba.

Desde ese preciso momento ya tenía un tercer punto, dedicaría lo que le quedara de vida para encontrar a esas mujeres y pondría todo su empeño para pedirles humildemente disculpas, y no cejaría en el intento hasta que ellas le perdonaran; sería un feliz broche a su triste final. Escribió en su papel "Tercero.- Disculparme con Julia y Constanza, personas a las que hice tanto daño."

lunes, 29 de agosto de 2011

Mis experiencias paranormales (capítulo 6 y final)

Si habéis llegado hasta aquí ya sabréis que me llamo Segismundo Chico y no quiero despedirme de vosotros sin antes contaros probablemente mi última experiencia paranormal pero no por ello menos increíble y fascinante.

Recuerdo perfectamente aquella noche, acababa de llegar a casa sobre las diez, después de un día agotador de domingo con amigos, tras dejar en su humilde piso de alquiler a mi novia, vamos la que hasta entonces podría llamarse mi novia. En este punto tengo que explicaros que Ana, que era como mi novia se llamaba (y supongo que seguirá llamándose aunque haya perdido todo contacto con ella), era una chica preciosa que conocí hacía un año en el cumpleaños de mi mejor amigo Ernesto, la cual trabajaba, sorprendentemente, (y yo sin enterarme hasta ese momento), en la empresa del padre de Ernesto, una tienda de antigüedades que por esas fechas era la envidia y lugar de peregrinación de burgueses que no sabían donde gastar su dinero. Fue un flechazo a primera vista, al menos para mí, ella al principio se mostró reticente a mis encantos (debo de reconocer que pocos y difícilmente localizables, mi madre siempre me decía que tenía una cara picassiana, hermosa para la gente que supiera ver, a estas alturas os podéis imaginar que era lo que pretendía decir sin decirlo), y después de varios meses tras de ella y de múltiples intentos  para invitarla a cenar o al cine y otros tantos regalos (muchos diría yo), ella sucumbió al amor (eso pensaba iluso de mi), y decidió que debía darme una oportunidad, oportunidad que nos llevó irremisiblemente a una relación de pareja formal.

Volvamos de nuevo a aquella noche, como me encontraba francamente cansado y "hecho polvo", decidí que lo mejor era comer algo de fruta para no perder mucho el tiempo y acostarme rápido que al día siguiente me esperaba una jornada laboral de lo más estresante, caí en la cama como un peso muerto (aunque con mis casi cien kilos de peso se podía asemejar perfectamente a eso), y pasado como unos diez o quince minutos que pudieron ser perfectamente horas en pura vigilia, noté algo muy extraño, me sentía liviano, casi por primera vez, la sensación era como si flotara en el aire, en ese instante recuerdo que tuve miedo y quise abrir los ojos pero no pude, no podía abrirlos como si le hubieran echado pegamento fuerte en los párpados, pero sin embargo podía ver, ¿como era posible?, y lo que era aún más sorprendente e inquietante, veía con una claridad meridiana mi cuerpo yaciendo plácidamente en la cama, era yo o mi yo espiritual el que se había separado de mi cuerpo físico y esa conciencia de mi ser espiritual y de todo lo que estaba viviendo era tan real   y palpable como cuando te cae una gota fría de lluvia en la cara o cuando sientes un dolor insoportable que te hace chillar.

En aquel estado difícilmente catalogable la medida de tiempo no importaba como así tampoco el espacio, sin control empecé a moverme a una velocidad inusitada  y me vi envuelto en un inmenso desierto nocturno de dunas de arena que me recordaron a la película Lawrence de Arabia, no me preguntéis la razón pero eso fue lo que se me pasó por la mente o conciencia o como se quiera llamar a ese flash de pensamiento, allí me quedé unos instantes recreándome en el silencio, sentí como la naturaleza formaba parte de mi y yo y mi infinitesimal existencia era irremediablemente parte de ella.

De nuevo me moví de donde aparentemente me encontraba y mi "yo" fue a parar a un paraje muy querido por mi, lo reconocía perfectamente aunque hacía años que no paraba por allí, un lugar que marcó mi infancia, era una casona que pertenecía a mi familia desde tiempos inmemoriales (eso al menos era lo que me contaba mi padre como historia de cuento a relatar en aquellas noches cuando el sueño no nos vencía) y donde pasábamos los veranos hasta que cumplí los doce años, si existía un lugar reconocible por mí donde había sido feliz sin dudarlo esa casa y sus muros antiguos de piedra lo eran.

Quise recorrer cada rincón, cada esquina vacía, como si de ese modo fluyeran con más fuerza si cabe los recuerdos allí vividos como estampas de una vida mejor, y entre recuerdos de risas y entusiasmo de un niño que quería comerse el mundo no pude evitar acordarme y que formara parte de ese espectáculo la idea inmaculada de mi novia Ana, la persona a la que tanto amaba, y sin saber como ni porqué me vi dentro de ese piso en el que a veces pasaba noches enteras en su compañía, no podía creerlo, era su piso, su recibidor con aquél mueble destartalado de la entrada donde Ana dejaba sus llaves, su salón pequeño con una mesa redonda en el centro, un sofá y una tele del año de la pingüina que Ana juraba y perjuraba que se veía bien (algo daltónica debía ser pues la pantalla se inundaba de un intenso color verdoso en lugar de azul  y el rojo apenas se vislumbraba). 

Al escuchar ruidos me alarmé, eran sonidos de jadeos como si alguien le estuviera haciendo daño y pensé en ese momento que todo lo acontecido aquella noche debía tener una razón y probablemente era para socorrer a Ana de una muerte segura a manos de un insensato ladrón, y quise entrar en su habitación  y romperle la crisma al choricillo de tres al cuarto pero no sabía como hacerlo, no tenía pies ni manos para moverme ni actuar en caso de peligro inminente, sin saber como y guiándome únicamente de mi instinto protector pude acceder a su estancia y  lo que allí me encontré no podré olvidarlo jamás, mi novia revolcándose de placer con mi mejor, hasta entonces, amigo Ernesto, quise gritar y que parara de una vez esa macabra escena de cama y lo que conseguí fue volver nuevamente a mi cuerpo despertándome al instante sudando a mares, con un intenso dolor de cabeza y un profundo cansancio, pareciendo que los kilómetros recorridos en ese viaje tan especial (miles diría yo) los hubiera hecho andando o al trote.

Ni que decir tiene que corté con Ana por sms, el mensaje rezaba lo siguiente "Ana, no te quiero. Adiós", fui seco e inexpresivo a conciencia, no podía contarle lo que sabía ni porqué medios los había descubierto, en cuanto a Ernesto no volví a hablar con él, sencillamente lo desterré de mi vida, tremenda traición no se merecía menos. 

Debo confesaros que intenté muchas veces conseguir nuevamente un viaje astral como el que os he relatado, me ahorraría mucho en billetes de avión para contemplar ciudades desconocidas para mí o hacer realidad unas de mis fantasías más recurrentes, colarme en un vestuario de señoras, pero nunca más lo logré, ahora no dudéis que si por arte de virle o virloque la experiencia se materializara de nuevo vosotros seréis los primeros en saberlo.

domingo, 28 de agosto de 2011

Nosotros a lo nuestro y los demás...


En este artículo no es mi intención ni mi deseo adoctrinar a nadie ni decir lo que los sevillistas tienen que pensar o hacer, Dios me libre, mi pretensión es únicamente exponer mi opinión al respecto de ciertos comentarios aparecidos en la red de redes twitter, y me explico:

Tras la derrota y eliminación de nuestro equipo de la Europa League a manos del equipo alemán del Hannover 96, parece ser que la afición del otro equipo de la ciudad, para más señas la del Real Betis Balompié, vulgarmente denominado Betis, comenzaron a meterse con nuestro equipo insultando y vejando a sus aficionados, en definitiva mofándose de nuestro club. Todo ello ocasionó que se respondiera  con insultos desde nuestro bando con expresiones como  por ejemplo "Puta Betis", o "morosos, a pagar o a segunda", todas ellas nacidas de la frustración y el desconsuelo que embargaba a los aficionados que habían puesto muchas ilusiones en la competición que recién comenzaba. y que, desgraciadamente, también recién finalizaba para nosotros.

Posteriormente, concretamente en el día de ayer al conocerse la victoria del Betis en el campo del Granada, se pudieron leer comentarios del tipo "uno sólo de nuestros delanteros valen como cinco de ellos" o "que malos debían ser los del Granada para que les ganara el Betis", todos ellos imbuídos en la creencia de que el Sevilla F.C. es superior al equipo de la otra acera.

Al respecto de todo ello, yo no puedo estar de acuerdo con este modo de pronunciarse, ya está demostrado que los localismos no son buenos para el Sevilla, yo quiero, puede que sea una aspiración difícil de conseguir, disfrutar de mi equipo y de sus triunfos sin necesidad de mirar de reojo al otro equipo, sentirnos felices por las victorias sin el añadido de buscar los fracasos en el otro, pienso que si conseguimos eso será un síntoma más de grandeza.

Se ha de reconocer que nuestra liga, de acuerdo con las aspiraciones de uno y otro, no es la del Betis, la rivalidad está bien, es incluso sana si no la llevamos al campo del fanatismo, pero opino que debemos sentirnos disgustados si gana Valencia, Villarreal, Atlético de Madrid o Atlétic de Bilbao, pues son los que en cualquier caso pueden llegar a conseguir los objetivos por los que con tanto ahínco luchamos, que gana o pierde el Betis nos puede disgustar más o menos o sentirnos contentos en ese instante, todo ello propio del "cainismo" que impera en nuestra ciudad, pero no llegar más allá.

Otro punto que quisiera aclarar es el tema de la humildad, reconozco que me gusta que mi equipo sea humilde aún teniendo razones para sacar pecho, la supuesta superioridad del equipo se debe demostrar en el campo de juego, que tenemos mejor equipo o que individualmente seamos mejores que el Betis aunque en teoría es indiscutible no nos puede sacar al bravucón que podemos tener dentro para machacar mediante la  palabra al contrario, pues después pasa lo que pasa, y a las pruebas me remito que cuando uno está mejor que el otro no siempre se gana, por eso yo prefiero el dicho sabio de "el que ríe el último ríe mejor" .

Todo lo dicho aquí podría resumirse por una frase acuñada por nuestro Presidente y que describiría perfectamente lo que quiero decir, y a ella me remito "Nosotros a lo nuestro y los demás a copiarnos".

viernes, 26 de agosto de 2011

Levántate y anda. Artículo de opinión del Sevilla F.C.


En este artículo no es mi intención hacer una crónica  exhaustiva del partido de ayer y de la eliminatoria , para eso tenemos a cientos de blogs de grandes sevillistas que de modo altruista llevan a cabo tal cometido y a los cuales debo darles las gracias por hacer lo que hacen, ahora si deseo expresar mi opinión a modo de pinceladas de lo que sucedió en los dos partidos.

Bajo mi punto de vista, e intentando ser absolutamente objetivo, me pareció que la eliminatoria llegó demasiado pronto para un equipo, el Sevilla F.C., que se encuentra aún en formación, con un nuevo entrenador y nuevos jugadores. El sistema, aún no siendo muy distinto en cuanto a su concepción con lo visto en años anteriores (4-4-2), en la práctica es diferente, los equipos de Marcelino tienen una idea de fútbol en la que yo estoy plenamente de acuerdo, todos atacan y todos defienden, presión asfixiante en el centro del campo y una vez se robe el balón salir rápido en ataque en busca del marco rival. Quiero pensar que la forma en que Marcelino desea que juegue su Sevilla lleva algo de tiempo y esa falta de rodaje la ha pagado con la eliminación. El equipo alemán, aún no siendo superior si tenemos en cuenta los elementos que componen su plantilla, si lo ha sido en cuanto a equipo, y eso debe reconocerse, sus jugadores sabían lo que debían hacer en cada momento y a falta de individualidades tiraron de oficio, de oficio y de aprovecharse de los errores de su rival, y si a esto le añadimos que ya se encuentran en competición habiendo disputado tres partidos de su liga pues, a mi modo de ver, ahí ha estado la clave.

Ahora saldrán aquellos que digan que los planteamientos de Marcelino fueron erróneos, que la planificación de la plantilla equivocada, o que ciertos jugadores no deben vestir jamás la camiseta del Sevilla, todas ellas opiniones válidas y legítimas aunque a mi modo de ver equivocadas, esto como quién dice acaba de empezar y no podemos pecar al pensar de que por un partido malo el equipo no vale, es evidente que ha sido un palo, un golpe durísimo para la moral de los jugadores y de sus aficionados pero, llámenme optimista, yo confío en este equipo, confío en sus jugadores, y que el tiempo nos pondrá en el lugar donde debemos estar y nos merecemos, eso no me cabe la menor duda.

Así las cosas, y como ya no se puede evitar el no entrar en el bombo para la competición de Europa League, cuando un equipo grande se cae por determinadas circunstancias al final se levanta, y el Sevilla es un equipo grande. Por ello, he denominado este artículo como el milagro de Jesús a Lázaro, "levántate y anda", pienso que el Sevilla no necesita un milagro, no llego a tanto, para conseguir levantarse de este mazazo, pero yo como sevillista pondré mi granito de arena para que se levante y eche a andar lo antes posible, mejor el próximo partido que el siguiente, la crítica en muchos casos hace que se espolee al equipo para salir con más fuerza como cuando el toro enfila la suerte de banderillas, en estos momentos yo veo al equipo mal, con una falta absoluta de confianza en si mismo y en sus posibilidades, y esta crítica sería muy perjudicial para su juego y el devenir de la competición, llegarían las dudas en los futbolistas e incluso en el propio entrenador, se pondrían nerviosos y estos nervios redundarían en los aficionados, lo cual indefectiblemente le haría perder partidos.

Yo tengo la firme creencia que, como en la vida, hay que estar en las duras y en las maduras, a todos nos gusta llegar a finales y ganarlas, eso es fácil, ahora el equipo nos necesita, ¿le vamos a negar esa ayuda?, por eso yo prefiero que se levante y ande a que se quede en el suelo sin posibilidad de levantarse por aquellos que no paren de golpearle.

lunes, 15 de agosto de 2011

Un hombre de paz

En este artículo, y haciendo un lapsus en mis vacaciones, me he decidido a escribir por la indignación y repulsa que me ha ocasionado lo acontecido con una persona muy querida y conocida de la blogosfera sevillista, me refiero a Giulio Guerrera, a partir de ahora lo denominaré Don Giulio por el respeto y admiración que le profeso.

Para quién haya quedado desconectado en estas fechas estivales de los "entresijos sevillistas", os diré a modo de resumen lo ocurrido con Don Giulio y cierto periódico de nuestra Ciudad, Estadio Deportivo. Don Giulio, en un intento de dar a conocer lo que se está cociendo en la Secretaría Técnica del Sevilla F.C., decide contactar con un miembro destacado de la misma, concretamente Victor Orta, para realizarle una entrevista que sería "colgada" en su blog, cosa que así sucede. Una vez publicada la entrevista en su blog, y sin previo aviso, sin conocimiento ni consentimiento por su parte, Estadio Deportivo, en adelante lo denominaré ED, publica íntegramente la entrevista en su periódico y firmando el artículo Giulio Guerrera. 

Os podéis imaginar el revuelo que se formó a partír de entonces, toda la blogosfera sevillista se unió en defensa de su compañero por lo que se entendía una manipulación y una utilización de información sin consentimiento de su autor. A partir de entonces, ciertos personajes, o personajillos, que al parecer escriben para ED empezaron su particular "huída hacia adelante" criticando, insultando e incluso faltándole al respeto no sólo a Don Giulio sino al resto de los que conformamos la bien llamada "blogosfera sevillista" en la red twitter, hasta que finalmente miembros de ED deciden ponerse en contacto con Don Giulio y le ofrecen un acuerdo de rectificación que se plasma con una publicación en la edición de este Sábado pasado, rectificación que Don Giulio considera satisfactoria para acabar con esta sinrazón.

Desde siempre yo he considerado que existen dos tipos de seres humanos, los hombres rectos que buscan la paz y aquellos, por contra, que entienden la vida como una pura confrontación, que se defienden atacando al contrario sin conocer las consecuencias que estos actos pudieran derivarse, y esta clasificación curiosamente viene como anillo al dedo a lo aquí sucedido y voy a explicarme. 

Por una parte, y en un extremo del ring, válgame el símil pugilístico, se encuentra Don Giulio, que aunque tengo que reconocer que no lo conozco en persona, en la lejanía siempre me ha parecido un hombre cabal, consecuente con sus ideas, ya te puedan gustar o no, que utiliza la palabra para expresar lo que piensa pero sin imponer por la fuerza sus opiniones. Cuando se ve envuelto en una disputa, no pienso que sea de las personas que las busque, pretende, sin traicionar a sus ideas, llegar a un entente cordial que haga que todas las partes queden satisfechas, aún cuando el acuerdo que se consiga no sea del todo favorable, en nuestro argot, expresión recurrente de cualquier abogado que se precie "más vale un mal acuerdo que un buen pleito", yo por esto tengo que aplaudirle y descubrirme ante él aunque opine que la rectificación de ED resulte algo escasa para el perjuicio que ocasionó.

En el otro extremo del ring, deben aparecen aquellos personajes siniestros que haciendo uso de su retórica periodística y sin más argumentos para reconocer su error, por contra, atacan sin discriminación para defenderse de todo aquel que siquiera ose criticar sus malas artes o su escasa profesionalidad, personas prepotentes que no conocen la humildad para reconocer el error cometido y pedir disculpas.

Cuestión aparte merece aquel miembro de ED que, insultando a los que conformamos la blogosfera sevillista, vino a decir que todos nosotros tenemos un escaso cociente intelectual (no se si utilizó el término de "coeficiente", en cualquier caso aún siendo un error todos le entendimos). Ante este ataque a mi se me ocurren muchos refranes que encajarían perfectamente en la concepción que podría tenerse de este Señor, como son "A palabras necias oidos sordos", o "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces",  todos ellos dichos populares  de enorme sabiduría y que por si solos describirían perfectamente la situación.

He echado en falta que periodistas de esta Ciudad se hicieran eco de lo ocurrido y escriban sobre ello para que estas practicas insanas e insalubres no vuelvan a producirse, pero ya se sabe en la profesión de periodismo existe el mal concebido por ellos como "corporativismo", pretendiendo echar la basura debajo de la alfombra para que no se vea, pienso que si aman su profesión se equivocan.

Ya para finalizar, si la vida nos diera la posibilidad de elegir que tipo de persona queremos ser, es evidente para mi que sería la de un hombre de paz como Don Giulio, otros en cambio me temo que ya tomaron otro camino que se demuestra con sus actos.

sábado, 9 de julio de 2011

Mis experiencias paranormales (capítulo 5)


La historia que viene a continuación, verídica como todas las anteriores, no podría catalogarse objetivamente de experiencia paranormal en la definición de fenómenos físicos, biológicos o psíquicos que no pueden explicarse mediante la ciencia actual, quizás puedan ser explicados aunque sea francamente difícil hacerlo abiertamente sin ruborizarse, quedando muy mal quién los cuente y puede que hasta se le tache de loco, y so pena de que esto me ocurra a mí pienso que esta historia no puede ni debe quedarse en la estantería de los libros olvidados ni en el sueño de los justos y merece ser contada.

Unos amigos y yo decidimos pasar un fin de semana en el campo, concretamente en una finca apartada en un pueblecito de la sierra propiedad de uno de ellos, Evaristo, aunque todos le llamábamos cariñosamente Evi. El grupo lo conformaban el mismo Evi, un tío excelente, generoso como él solo, Felipe, el guaperas del grupo pero corto de entendederas, Ernesto, el más intelectual de entre los presentes y un excelente conversador, y yo mismo, éramos una mezcla un tanto extraña y variopinta si lo veíamos por separado pero unidos sorprendentemente este círculo funcionaba. 

Nuestra intención era la de estar en contacto con la naturaleza, respirar aire puro y, todo sea dicho, hacer lo que nos diera la gana en esos días, levantarnos tarde o acostarnos sin hora, jugar a las cartas y beber cerveza, la libertad más absoluta sin que nada ni nadie nos lo impidiera. No era el primer fin de semana que pasábamos allí aunque os aseguro que desde ese fin de semana y lo que nos aconteció nunca más compartimos de nuevo ese lugar.

Recuerdo de ese fin de semana la cogorza que nos pillamos el sábado por la noche apostando unas pocas monedas al ocho americano, se jugaba con dos barajas de cartas y el juego en si, y dicho con todas las letras, consistía en "putear" al contrario, y doy fe que nos puteamos unos a otros, disfrutábamos cuando se lo hacíamos al de al lado pero no tanto cuando nos lo hacían a nosotros, vamos lo normal, podría decirse que si se pudiera parar el tiempo y hacer una instantánea de esos momentos se revelaría una estampa de plena felicidad.

Todos los presentes teníamos muchas gestiones que hacer el lunes tras el fin de semana, éramos todos estudiantes pero con la agenda muy ajetreada, unos unas cosas y otros otras cuyo denominativo común se encontraba en que todas eran importantes e irrenunciables, pero como nos lo estábamos pasando genial y no deseábamos por nada del mundo que eso acabara tan pronto, decidimos de común acuerdo alargar ese fin de semana y marcharnos ya la madrugada del domingo al lunes, pasar esa noche sin dormir y empalmar hasta el día siguiente, pensamos que ya habría tiempo de descansar la tarde del lunes, podría parecer una locura visto desde fuera aunque debo confesar que para todos los allí presentes nos pareció una excelente idea, y así lo hicimos o casi.

Aquella noche de domingo comenzó con una cena muy amena, recuerdo que discutíamos entres sandwiches de  jamón y queso y patatas fritas sobre si las mujeres debían ser naturales y quedarse con la belleza o fealdad que Dios les concedía al nacer o por el contrario no había motivo alguno para no operarse  por ejemplo los pechos, los pómulos o los labios si con eso se podría reparar algo de por sí defectuoso. Yo era de la opinión de la postura diplomática, no había que ser extremista, había casos en que si la mujer se encontraba mejor consigo misma debía ser hasta imprescindible pero que tampoco eso podría suponer un capricho en manos de mujeres hermosas con falta de autoestima. Otros, disertaban en cambio con vehemencia y a modo de broma en el sentido de que veían bien eso de las operaciones de cirugía estética y que si Angelina Jolie estuviese allí se lo agradecería efusivamente, lo que no explicó es con que parte de su cuerpo y de que forma iba a agradecérselo. Esta discusión derivó en otras y así pasaron las horas en compañía de estos amigos tan peculiares pero además tan entrañables.

A las séis de la madrugada era la hora que habíamos fijado para tomar la carretera y salir de la finca con dirección a la ciudad  y aunque inicialmente todos estábamos de acuerdo en quedarnos sin dormir hasta esa hora, el sueño y el cansancio de tantos días de trasnoche hizo de las suyas y sobre las dos, más o menos, ya no pudimos aguantar más, primero se fue a dormir Ernesto, el más centrado del grupo, y luego como en fila india empezamos uno a uno a desfilar hasta nuestras respectivas camas y al menos descansar unas horas antes de marcharnos. 

Cuando ya nos hubimos acostados todos y casi en estado de vigilia empezamos a escuchar un ruido atronador y estridente que no cesaba (tric troc tric troc en una melodía simétrica y casi macabra), nos levantamos de la cama  y aunque aún era de noche veíamos perfectamente pues existía una luz intensísima que se colaba por entre el ventanal de una de las habitaciones que hacía que dicho dormitorio y casi toda la casa se iluminara completamente. A partír de ahí lo único que recuerdo es que divisamos algo fuera de la casa en el cielo, como una nave grandísima de la que surgían focos de luz blanquísima  y tras ese flash que nos pareció como una foto antigua ubicada en lo más profundo de nuestro subconsciente el despertarme en la cama con el ruido no siempre agradable del despertador que marcaba las cinco treinta horas.

Existía un lapso de unas tres horas en los que los presentes no recordábamos nada, nos sentíamos todos  como rejuvenecidos y con fuerzas renovadas, a excepción de una pequeña y molesta irritación en los oídos y, feo está decirlo, en el recto o culo en nuestra terminología vulgar castellana. De esa experiencia nada hablamos los que allí estábamos, como si fuera tabú o algo malo e inconfesable, ninguno de nosotros osó comentar ni una sola palabra sobre lo ocurrido pero, que queréis que os diga, desde ese día no puedo dejar de pensar en unos hombrecillos verdes  que osaran violentar hasta entonces mi inmaculado cuerpo, y por qué extraña razón permitieron que prosiguiéramos con nuestras vanales e insulsas vidas, a veces me surgen ideas absurdas de que decidan volver a buscarme y me ofrezcan una oferta de empleo a tiempo completo que no podré rechazar, que la cosa hoy en día está muy mala, para viajar entre galaxias lejanas y conquistar otros mundos inexplorados.

sábado, 2 de julio de 2011

Mis experiencias paranormales (Capítulo 4)


No se si habéis oído hablar o símplemente habéis leído, sobre experiencias cercanas a la muerte, supongo que sí, la luz, el tunel, tus parientes más cercanos fallecidos que te acompañan, la sensación de paz y sosiego, tu vida pasar como si de un film barato se tratara, etc, etc, etc, pues yo puedo afirmar que a la edad de 23 años tuve ese tipo de experiencias, en ningún caso aconteció como decían esos libros o las leyendas de abuelas aberrugadas, intentaré explicaros lo que me ocurrió con todo lujo de detalles sin obviar ni olvidar ninguna coma para que cada cual saque sus propias conclusiones sobre lo sucedido.

Era una tarde lluviosa de noviembre, yo acababa de sacarme el carnet de conducir hacía apenas unos meses, pero aún siendo así yo pensaba que conducía con la suficiente experiencia y pericia al volante, lo cual los hechos que acontecieron con posterioridad acabaron irremediablemente por contradecirme en mis apreciaciones subjetivas, y como digo iba conduciendo solo mi Pandita de diez años que mis padres acababan de comprarme para que me fuera fogueando en el arte de la conducción, esas justas fueron sus palabras, cuando en una curva de una carretera sinuosa las ruedas traseras patinaron con el aquaplaning que se formó en el asfalto, en ese momento no supe reaccionar y fuí a parar irremisiblemente a la cuneta empotrando mi desdichado coche sobre un árbol que allí estaba plantado, creo que un alcornoque o un castaño, os prometo que el lugar estaba desierto de toda vegetación, parecía que Atila con sus huestes hubiese pasado por allí, menuda puntería tuve y que excelente conductor era entonces, era como si todo el universo se hubiera confabulado en mi contra para tener este triste final.


Recuerdo un golpe seco que por un instante se transformó en un enorme dolor que recorría todo mi cuerpo y tras esa sensación desagradable e insana que no pudo durar más de un minuto me ví fuera de mi cuerpo maltrecho y ensangrentado, ya no sentía dolor alguno, pude sin temor a equivocarme apreciar lo que significaba la libertad mas absoluta. No vi un tunel ni una luz intensa, tampoco a Dios ni a mis seres fallecidos más cercanos ayudándome en este trance, y por favor no tomároslo a risa, me encontré sin saber como ni porqué vestido de corto en un campo de futbol con porterías relucientes y cesped de hierba finísima, habían 11 contra 10 y yo era sin duda el onceavo jugador. El lider de mi equipo se dirigió a mi y me dijo con voz más suave de lo normal "vete arriba, necesitamos un delantero y tu sabrás hacerlo bien".

Después del desconcierto inicial que supuso lo que me estaba ocurriendo me fuí metiendo poco a poco en el partido, ciertamente me encontraba disfrutando del juego, me sentía ágil y fuerte, capaz de todo, hice varios regates marca de la casa, y controles exelentes hasta que me llegó en largo un balón con la fuerza precisa para poder controlarlo y tener la posibilidad de quedarme sólo contra el portero, y así lo hice, no tenía miedo ni estaba nervioso, sabía que tenía que mandar el balón con un impacto seco al fondo de las mallas, no podía fallar, le quise pegar con tanta potencia  y violencia que quizás no cogiera la rosca adecuada y en vez de alojarse en la portería se dirigió el balón a la esquina izquierda del campo con tan mala fortuna que ni siquiera salió de fondo sino de banda. Todos los allí presentes me miraron, algunos inquisitivamente, otros con expresión asesina, los del equipo contrario simplemente se reían compulsivamente, su portero que seguía en el suelo tras la jugada se quedó allí a carcajada limpia, que verguenza y sopor pasé en esos momentos que se me hicieron eternos.

Lo próximo que recuerdo fue el encontrarme en la camilla de una ambulancia con dolor en todas las partes de mi cuerpo y escuchar como a lo lejos una voz decía "está vivo, ha logrado respirar", es probable que quizás para mi no había llegado el momento para estar muerto o simplemente me salvó lo horrorosamente malo que era jugando al futbol, desde entonces, por si las moscas, dejé de practicar no solo el futbol sino cualquier otro deporte de equipo, de esa forma me aseguraba una más larga estancia en el país de los vivos. 
    

sábado, 25 de junio de 2011

Mis experiencias paranormales (Capítulo 3)


Si hasta ahora os ha parecido escalofriante lo aquí relatado, debo aconsejaros que a partir de  este momento leáis esto bien sentados y con todas las luces de la habitación encendidas, pues lo que me aconteció una madrugada de frío invierno a la edad de 19 años sólo en la casa de la playa, podría perfectamente definirse como "acojonante", expresión vulgar pero que describe sencillamente lo vivido por mí.

Yo llegaba a casa después de un día entero de fiesta, comida con amigos, cafelito que se alargó hasta las 8 de la tarde, cenita con pescaíto frito y luego de marchuqui quemando la noche para finalizar casi sin darme cuenta en la discoteca más popular del pueblo con varias cervezas encima (mejor dicho muchas), y unos cuantos cubatas de whisky de garrafón por los efectos que ocasionaron en mi cuerpo al día siguiente.

En esa tesitura me encontraba yo cuando decidí acostarme, tengo que deciros que lo que allí ocurrió es la pura realidad y no la invención de una mente calenturienta perjudicada por el alcohol excesivo y por el cansancio extremo. Recuerdo que se me estaban cerrando los ojos, sin duda era el preludio para un profundo y reparador sueño, cuando me pareció que se iluminaba con una luz intensa la habitación, normalmente soy bastante "miedica" para estas cosas pero en este caso sin saber la razón abrí los ojos, para que lo haría, enfrente mía se me apareció un cuerpo etéreo con un halo de luz intensísima, la habitación se heló al instante, al principio no pude reaccionar, me quedé paralizado de pies a manos, ni siquiera podía hablar ni gritar, hasta que esa forma me habló.

¿Me recuerdas?, ¿no me digas que no sabes quién soy con lo que yo te quiero?. Ciertamente si lo recordaba, era mi tío Secundino fallecido dos meses antes, no podía creerlo, yo pensaba que para mi tío yo era su sobrino favorito pero de eso a que se me apareciera después de muerto era muy fuerte, jolines que se apareciera a su novia o a su primera mujer, que leches, eso fue lo que pensé en ese instante.

Después de la primera impresión de "cague", todo hay que decirlo, me empezó a hablar de lo mucho que se aburría en el cielo, todos vestían túnicas, le debía parecer extraño pues yo a mi tío siempre lo recordaba con impecable traje de chaqueta y corbata sin estridencias y esto de las túnicas, al parecer, no debía hacerle mucha gracia.

Me contó que en el cielo no se jugaba a las cartas ni existía el buen tinto ni los placeres mundanos, según él un verdadero coñazo. Le pregunté si había visto a Dios a lo que contestó que algunos del lugar hablaban de él pero que nunca lo habían visto, se decía que era omnímodo y inexcrutable y que dejaba que se hiciese todo al libre albedrío, más o menos como ocurría en el mundo terrenal. Siguió diciéndome que se aburría por no tener una mujer con la que pasar esos momentos anodinos de "no hacer nada", y que decidió descubrir la manera de visitar a los vivos para pasar el rato.

Una vez que descubrió la manera de volver al mundo terrenal, decidió que lo más sensato sería aparecérse a su novia Claudia, veinte años más joven que el, para comentarle que estaba bien y que no debía preocuparse. Como ella estaba disfrutando de los placeres carnales con un "maromo" que le hacía gemir como nunca antes la había escuchado, optó por vengarse moviendo la cama de un lado al otro, cosa que en contra de lo que podía pensarse agradecieron los amantes pues el climax y la ceguera del momento así lo invitaba, para finalmente desistir de esa idea absurda parándose a reflexionar que quizás esa chica se merecía la felicidad que él en vida no pudo darle. Lo siguiente que pensó fue visitar a su sobrino favorito y así lo hizo.

Antes de marcharse me dió un consejo que nunca olvidaré, disfruta de la vida y de los días y noches como si fueran los últimos, así podrás exprimirla al máximo cual limón maduro, y no bebas garrafón que está muy feo, y con una sonrisa socarrona se despidió. Esas fueron sus últimas palabras, y digo las últimas pues nunca más se me apareció, mentiría si dijera que desconozco la razón pero eso es ya otra historia.