sábado, 8 de octubre de 2011

Atando cabos (tercera parte)


John se encontraba tremendamente excitado y nervioso en el tren mientras viajaba camino de encontrarse con su amada tiempo atrás Julia; Intentaba, como si un discurso de investidura se tratara, memorizar palabra por palabra, frase por frase lo que quería decirle y que sonara bien, pero tenía cierta inquietud y desasosiego por el hecho de desconocer la reacción que ella pudiera tener al escuchar de su voz esas palabras, y eso lo ponía enfermo casi más que el dolor de cabeza que nunca le abandonaba, lo que si tenía claro es que no iba a marcharse del lugar sin que ella lo hubiese perdonado. De ese modo, la media hora que duraba el trayecto se le pasó tan rápido que cuando quiso darse cuenta el tren de cercanías ya había llegado a la estación de destino.

John conocía con todo lujo de detalle donde vivía Julia, siempre y cuando su buen amigo Irving no hubiera equivocado la dirección, Borgiueau, era la localidad donde había nacido y pasado toda su infancia y adolescencia hasta que decidió marcharse a la capital a estudiar empresariales, con períodos puntuales de estancias cortas en la casa que fue de su familia, por lo que aunque habían pasado como veinte años desde la última vez que estuvo allí, John pensaba que su pueblo, pequeño en extensión pero grande en vivencias, no había cambiado lo suficiente como para perderse por sus plazas y calles estrechas. Eso pensó hasta que se aproximó con paso firme a su Plaza Mayor, el centro del pueblo, comprobando, no sin satisfacción, que Borgiueau era otro, se había transformado en algo más moderno pero sin perder, a su entender, la idiosincrasia tan característica de aquella zona del norte de Perteñan. La Plaza parecía como si hubiese crecido a lo ancho y a lo alto a como la recordaba, su fisonomía rectangular se había modificado introduciendo arquitectura de casas de de dos plantas de hermosos ventanales y balcones de hierro forjado, a cada cual más singular, que la dotaba de un halo especial de romanticismo que impregnaba cada lugar al que el visitante quisiera fijarse. John enfiló la calle del fondo de la plaza y a escasos 150 metros se mostraba grandioso un caserón de robustos pilares y un enorme portalón de madera que flanqueaba la entrada, sin dudar un momento esa debía ser la casa que había venido a buscar. John, con expresión tensa en su rostro, respiró hondo unos tres segundos y tomó la decisión de llamar a través de un extraño y hermoso llamador de hierro que se asemejaba a un querubín alado. Toc Toc, sonó un ruido seco pero intenso que hizo despertar la aparente tranquilidad del lugar, se oyeron unos pasos y la puerta lentamente se abrió.


¿Que desea?, contestó de manera cortés y educada un hombre de mediana edad, alto y fornido pero a la vez delgado, con poco pelo y con una expresión en el rostro que denotaba cierta nobleza, se podía decir que en apariencia tenía una cara de buena persona, inspiraba confianza, a lo que John le contestó: Perdóneme, buenas tardes, me llamo John Brown y vengo buscando a una vieja amiga, Julia Swchumith, me habían comentado que vive en esta dirección. Entonces el tono de voz del hombre se tornó más grave y sus ojos comenzaron a transmitir una mezcla de tensión, temor e ira difícilmente descriptible; el hombre, tomándose unos segundos antes de contestar empezó a hablar: Se muy bien quién es usted, mi esposa Julia me habló de lo que pasó entre vosotros y no se si ella querrá hablar con usted después de lo ocurrido, y si le soy sincero si me preguntaran mi opinión yo no permitiría que la viera, no obstante espere aquí en el rellano a que hable con Julia.

Habiendo transcurrido perfectamente varios minutos que a John le parecieron eternos, el hombre de nuevo volvió y con cara de pocos amigos le dijo: Acompáñeme, Julia le recibirá, ella está en el jardín de detrás de la casa; cuando hubieron llegado al jardín, el hombre se dio media vuelta y sin pronunciar una sola palabra se marchó, dejando solos en la estancia a Julia y a John.

Julia, abandonando plácidamente en el suelo una planta de bonitas hojas a la que había cortado sus tallos secos miró a John como si quisiera escudriñar las razones ocultas de encontrarse allí, y con actitud fría y seca le dijo: John, ¿que haces aquí después de tanto tiempo?, ¿que debo esperar de tu visita?. John, que pretendía recordar las palabras que momentos antes en el tren había memorizado, no podía dejar de mirarla, la jovencita inocente de antaño se había convertido en una señora que no había perdido un ápice de su extraordinaria belleza, su pelo rizado algo grisáceo pero deslumbrante, sus ojos con la misma tonalidad de azul, en definitiva todo su rostro resplandecía como una diosa a la que adorar, lo cual llevó a John a un estado entre la nostalgia y el sentimiento de culpa que le impidieron ni tan siquiera recordar lo que con tanto entusiasmo horas antes repetía, no le quedaba otra que improvisar, y armándose de valor así lo hizo: Julia, he venido aquí expresamente a verte para decirte algo muy importante, ya se que puede ser demasiado tarde, treinta y ocho años tarde, pero debía venir, no podía dejarlo por mas tiempo, es mi deseo pedirte perdón por todo el daño que te hice, fui un insensato y un inmaduro, probablemente no te mereciera, pero ya no puedo cambiar el pasado, yo te quería incluso cuando te dejé, que imbécil dejarme influenciar por el que creía mi amigo Henry, eso lo supe después. He pensado mucho en ti todos estos años, a mi vida de éxitos profesionales siempre le faltó una mujer que creyera en mí y me quisiera, tuve otras mujeres, no puedo engañarte, pero con ninguna de ellas pude sentir lo que sentí contigo. No he venido aquí para llevarte conmigo y revivir el amor que yo con mi inmadurez me cargué, que osadía sería, ya se que estas casada y seguramente seas muy feliz en tu matrimonio, no es eso, solo quiero dejar atrás la carga de culpa que corroe mi corazón, y ésta únicamente puede redimirse con tu perdón, Julia, por favor, ¿puedes perdonarme?.

jueves, 6 de octubre de 2011

Jobs no ha muerto

Este post esta dedicado al gran Steve Jobs y no, no me he equivocado, los grandes genios realmente aunque no estén con nosotros seguirán vivos en nuestro recuerdo, en las cosas que intentaron y con esfuerzo consiguieron, en las obras que en vida lograron sacar adelante.

Mi articulo es un homenaje, humilde eso si, a un gran hombre, a la persona que por si solo nos ha hecho cambiar la concepción que teníamos de la informática y de los aparatos electrónicos, y con su esfuerzo y dedicación supo influenciar a muchas generaciones aunque no tuvieran la suerte de conocerlo, por eso yo le digo GRACIAS, y lo hago a conciencia desde un IPhone 4.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Atando cabos (segunda parte)

Aquella noche John no podía dormir, todo lo acontecido aquel día, los nervios, la angustia de su pronto final y la misión que se había propuesto llevar a cabo no le dejaban conciliar el sueño, los recuerdos le martilleaban sin cesar en su cabeza, instantes de una vida mejor cuando aún era joven y el mundo se postraba a sus pies como pidiendo clemencia, Julia, la bella Julia, después de tanto tiempo se mostraba ante sus ojos como aquella cria inocente pero con una madurez impropia de su edad, y sin saber como John empezó a recrear de nuevo su historia con Julia antes de finalmente caer rendido ante los brazos de Morfeo.

John conoció a Julia en una calurosa mañana de domingo a la salida de misa, nada más verla supo que tenía que hablar con ella, su pelo negro, corto y rizado del cual pendía un pequeño tirabuzón que le caía graciosamente por su cara pecosa, parecería visto por un observador avezado como si jugara con el viento, como si ambos (cabello y viento) tuvieran un acuerdo secreto para que aunque rugiera sin control, como era el caso, su pelo se manifestara a la vista de todos perfecto. John, a la edad de 21 años era un chico alto, delgado y corpulento, no excesivamente guapo aunque se podría decir que era bien parecido, lo cual unido a su exquisita educación, cultura y sus dotes lingüísticas innatas le comportaban un atractivo difícilmente explicable pero que en definitiva le resultaba provechoso para su trato con las mujeres. Al acercarse a ella, la aparente belleza que Julia desprendía de lejos se hizo aún más patente al vislumbrar con mayor detalle esos ojos grandes de un azul claro precioso que la hacían irresistible; John se presentó y le indicó si era posible invitarla a un café pues esa mañana tan soleada merecía ser disfrutada, esta frase en boca de John no sonó en modo alguno descortés o vulgar, más bien todo lo contrario, y Julia, solicitando permiso a sus padres que estaban a su lado, asintió mostrándose por primera vez en ella esa media sonrisa suya tan característica y que a John le gustaba tanto. Desde ese instante se hicieron inseparables.

Estuvieron juntos como dos años y aunque pudiera parecer poco, para John esos años marcaron para siempre su existencia, podría decirse que Julia fue su primer y gran amor de su vida, John siempre fantaseaba con la idea de que algún día se encontraran de nuevo, casi por sorpresa, y el amor que antaño los había unido volviera a unirlos ahora, pero su afanosa vida y su ambición desmesurada nunca le permitieron pararse a pensar en lo verdaderamente importante, acostarse a la noche y levantarse al día siguiente al lado de la mujer amada; La razón de la ruptura fueron en cualquier caso la inmadurez de John al no saber lo que quería en esos momentos y la mala influencia de su amigo Henry, a partes iguales una gran compañía con el que poder ir de fiesta y un egoísta empedernido, y para Henry, Julia, más que ser la novia de su amigo a la que mostrar respeto e incluso cariño la veía como una enemiga con la que luchar para no encontrarse solo en las noches de viernes o sábado, hasta ahí llegaba su instinto competidor.

Henry, gran orador y extremadamente inteligente, sabía que si hablaba mal de Julia sin más a su amigo John para conseguir su objetivo, éste acabaría por enfadarse definitivamente con él, por lo que trazó un detallado plan en su cabeza, más propio de un estratega de la guerra que otra cosa, con el fin de ir minando poco a poco la conciencia de John y sus sentimientos hacia Julia, y a fuerza que lo consiguió con frases “con lo bien que estarías tu sólo y poder estar con la chica que quisieras”, “ella no te comprende”, “es una buena chica pero frena tus posibilidades con otras mujeres”, así día tras día, día tras día hasta que John convencido de lo que hacía habló una tarde con Julia cuando el verano llegaba a su fin, recordaba cada frase, cada expresión, los ojos llorosos de Julia al decirle que quería hacer otras cosas, estar con otras mujeres y estando con ella eso no podía hacerlo, su mirada de mujer dolida, el recuerdo de todo aquello le hizo tanto daño a John que rompió a llorar sin cesar, no comprendía lo estúpido y malvado que fue con aquella chica que lo amaba sin excusas ni condiciones, era un amor puro que fue truncado sin una razón aparente por la influencia maléfica del que se llamaba su amigo pero que resultó ser un oportunista que años más tarde le perdió la vista definitivamente, y con esta sensación de quemazón en el corazón John acabó profundamente dormido.

A la mañana siguiente, después de la mala noche pasada John se levantó con fuerzas renovadas y con las ideas muy claras, sabía lo que tenía que hacer para encontrar a Julia, recordaba perfectamente su nombre completo, Julia Swchumith, apellido poco corriente y que podría ayudar a encontrar pistas sobre su paradero,  y además conocía a la persona idónea para este cometido, su buen amigo Irving, un informático loco con mucho tiempo libre, la red de redes era su mundo y no hacía falta convencerlo mucho pues disfrutaba con este tipo de encargos, quizás necesitaba un poco de acción  en su sedentaria vida y John sabía que con todo esto podría proporcionársela; Decididamente John cogió el teléfono y lo llamó.

A Irving, que acababa de levantarse, le resultó extraño el sonar desagradable del teléfono a esas horas tan tempranas, ¿quién osará llamarme a estas horas?, pensó, y al descolgar el teléfono sus dudas iniciales se disiparon, era su amigo John que iba a encargarle un trabajito. Irving, un genio de la informática y huraño en su carácter con las personas que no conocía, en cambio era generoso y se desvivía por su amigos, y John probablemente era su mejor amigo, a otros podría ponerles reparos pero a John no, cuando necesitó su ayuda John le respondió sin preguntas ni reproches, sencillamente se sentía en deuda con él, por lo que cogió lápiz y papel y empezó a escribir sus instrucciones.

El encargo podría parecer complicado para cualquier persona pero para Irving era coser y cantar, abrió su portátil último modelo y lo puso en marcha, sólo debía dirigirse al lugar adecuado de la red e introducir los datos que John le había proporcionado “Julia  Swchumith” “el pueblo de Borgiueau”, y esperar resultado, bingo únicamente apareció una Julia Swchumith en la pantalla de su ordenador y debía ser ella pues la dirección que aparecía era de la localidad de Borgiueau, anotó las señas completas e inmediatamente llamó a John para contarle la feliz noticia.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Atando cabos (primera parte)


Éste será un relato corto que se compondrá de varias partes, lo que pretendo es la realización de un ejercicio narrativo sin más, la idea de este relato viene martilleando mi cabeza estos últimos días y me apetecía sacarla a la luz, espero que os guste.

John Brown se encontraba en la consulta del prestigioso médico Oncológico Mr. Julius Lloyds, a partes iguales seco y frío en cuanto a su carácter como un extraordinario Doctor, si la enfermedad tenía solución él era tu hombre, ante la noticia que sin lugar a dudas podía truncar para siempre su existencia. John, aparentando sosiego  pero con cierto grado de incertidumbre, le preguntó no sin tartamudear al principio "¿es grave Doctor?, ¿tiene cura?, ante  lo cual el Doctor con ese flequillo canoso que le daba un aire de aristócrata transnochado le espetó con la seriedad que le caracterizaba "John, debo decirle desgraciadamente que no tiene cura, aunque quisiéramos no podríamos extirparle el tumor que se encuentra alojado en su cerebro, es muy muy grande, a partir de este momento debe arreglar sus papeles con premura, debe atar cabos sueltos antes de que…" Se quedó en silencio, mudo, como si no quisiera pronunciar la palabra fatídica , palabra que nunca llegó a salir de su boca pues John  le interrumpió con otra pregunta propia de un hombre impaciente como John era, "¿cuánto tiempo me queda de vida?", y Julius agachando su cabeza y sin poder mirarlo a los ojos le contestó "dos meses, a lo sumo tres". A John le hacía mucha gracia aquel chascarrillo del siempre genial Woody Allen que sugería las dos palabras más bonitas de escuchar "es benigno", en ese momento no pudo evitar pensar en ello y sonreir levemente, probablemente por última vez por la ironía macabra que suponía esta situación.

John, después de pasársele millones de cosas por su cabeza en cuestión de segundos, se levantó y le agradeció afectuosamente sus servicios marchándose sin más del lugar, todo ello lo hizo por instinto, mecánicamente, no podía pensar en otra cosa que no fuera la muerte y en ese fuerte dolor de cabeza que no le abandonaba desde hacía varios años. No supo discernir cómo salió de la consulta ni cómo anduvo varios pasos más allá antes de desmoronarse como un castillo de naipes en el primer banco del parque que halló; lloró desconsoladamente y sin parar durante minutos que le parecieron eternos, y esas lágrimas casi sin pretenderlo se tornaron en paz, una paz absoluta consigo mismo, ahora lo más importante para él una vez asumido ese golpe duro de digerir era seguir el consejo de su médico, debía arreglar las cosas, atar cabos.

Con una vitalidad inusitada para un hombre de 61 años, recorrió las calles a grandes zancadas con dirección a su casa, un palacete de 300 metros cuadrados de piedra y recuerdos, donde debía pensar qué hacer para que todo quedara en orden. Lo primero que hizo fue dirigirse como alma que lleva el viento hacia su lugar favorito de la casa, su biblioteca, habitación donde pasaba las horas muertas leyendo, escribiendo notas en el mayor de los casos sin sentido, en definitiva  pasando el tiempo libre que el trabajo y sus quehaceres le dejaban; John ya no trabajaba, sencillamente no le hacía falta y vivía de las rentas que le generaba la venta tiempo atrás de su empresa. Tomó el papel y la pluma de las grandes ocasiones y empezó a escribir:

"Cosas ineludibles antes de morir:
Primero.- El testamento". En este punto frenó sus ansias de escribir, la verdad es que este tema ya quedó finalizado y finiquitado hacía varios años; había decidido, ya que no tenía esposa ni hijos, dejarle todos sus bienes  a partes iguales a sus hermanos Rufo, Gandolfo y Suzanne, a excepción del Bentley, joya automovilística donde las haya, que le había prometido a su sobrino favorito, hijo menor de Gandolfo llamado Charles, un chico entradito en carnes, tímido y enormemente inteligente, no sabía como ni porqué pero le recordaba a él cuando tenía su edad.
Puso una señal de realizado y siguió escribiendo:

"Segundo.-  Hablar con la familia del suceso". Posíblemente eso fuese lo más difícil para John, pues siempre había sido una persona reservada; pensaba que si no hablaba de sus problemas y se dedicaba a resolverlos, su familia no sufriría y también le serviría para no remover algo que le pudiera hacer daño, algo que sencillamente odiaba, le repugnaba comentar lo que podía preocuparle pues demasiado tenía con que tal o cual problema se quedara en su cabeza para  luego encima tener que explicarlo. En esta ocasión la diferencia estribaba en que si hablaba de ello los demás podrían sentir lástima por él, sentimiento que por nada del mundo deseaba que le ocurriera, por lo que, y después de haberlo sopesado durante varias horas, decidió que lo mejor sería no contar la noticia y que cuando ya fuera evidente por no poder salir del hospital para pasar sus últimos días ya no sería necesario ningún tipo de explicación. Sí, con decisión escribió en su papel "Segundo.- Hablar con la familia del suceso: No lo haré, no quiero hacer sentir lástima a nadie.".

Un vez hubo escrito eso y con un peso de encima menos, con trazo firme empezó a escribir "Tercero.-". Dios, pensó, ¿no tengo un tercer punto?, ¿ha sido tan triste mi existencia que ni siquiera he dejado cabos sueltos?. Entonces, le vinieron a la mente ciertos recuerdos difíciles de explicar, sucedieron hace muchos años cuando su adolescencia llegaba a su fin; John era ya un hombre pero no se comportaba como tal, había enamorado a mujeres y luego las había dejado, las recordaba muy bien, Julia, su primer amor, y Constanza, qué mal se portó con ellas, las dejó sin más y ni siquiera tuvo la deferencia de disculparse por su actitud ni les dijo la razón por la cual las dejaba.

Desde ese preciso momento ya tenía un tercer punto, dedicaría lo que le quedara de vida para encontrar a esas mujeres y pondría todo su empeño para pedirles humildemente disculpas, y no cejaría en el intento hasta que ellas le perdonaran; sería un feliz broche a su triste final. Escribió en su papel "Tercero.- Disculparme con Julia y Constanza, personas a las que hice tanto daño."

lunes, 29 de agosto de 2011

Mis experiencias paranormales (capítulo 6 y final)

Si habéis llegado hasta aquí ya sabréis que me llamo Segismundo Chico y no quiero despedirme de vosotros sin antes contaros probablemente mi última experiencia paranormal pero no por ello menos increíble y fascinante.

Recuerdo perfectamente aquella noche, acababa de llegar a casa sobre las diez, después de un día agotador de domingo con amigos, tras dejar en su humilde piso de alquiler a mi novia, vamos la que hasta entonces podría llamarse mi novia. En este punto tengo que explicaros que Ana, que era como mi novia se llamaba (y supongo que seguirá llamándose aunque haya perdido todo contacto con ella), era una chica preciosa que conocí hacía un año en el cumpleaños de mi mejor amigo Ernesto, la cual trabajaba, sorprendentemente, (y yo sin enterarme hasta ese momento), en la empresa del padre de Ernesto, una tienda de antigüedades que por esas fechas era la envidia y lugar de peregrinación de burgueses que no sabían donde gastar su dinero. Fue un flechazo a primera vista, al menos para mí, ella al principio se mostró reticente a mis encantos (debo de reconocer que pocos y difícilmente localizables, mi madre siempre me decía que tenía una cara picassiana, hermosa para la gente que supiera ver, a estas alturas os podéis imaginar que era lo que pretendía decir sin decirlo), y después de varios meses tras de ella y de múltiples intentos  para invitarla a cenar o al cine y otros tantos regalos (muchos diría yo), ella sucumbió al amor (eso pensaba iluso de mi), y decidió que debía darme una oportunidad, oportunidad que nos llevó irremisiblemente a una relación de pareja formal.

Volvamos de nuevo a aquella noche, como me encontraba francamente cansado y "hecho polvo", decidí que lo mejor era comer algo de fruta para no perder mucho el tiempo y acostarme rápido que al día siguiente me esperaba una jornada laboral de lo más estresante, caí en la cama como un peso muerto (aunque con mis casi cien kilos de peso se podía asemejar perfectamente a eso), y pasado como unos diez o quince minutos que pudieron ser perfectamente horas en pura vigilia, noté algo muy extraño, me sentía liviano, casi por primera vez, la sensación era como si flotara en el aire, en ese instante recuerdo que tuve miedo y quise abrir los ojos pero no pude, no podía abrirlos como si le hubieran echado pegamento fuerte en los párpados, pero sin embargo podía ver, ¿como era posible?, y lo que era aún más sorprendente e inquietante, veía con una claridad meridiana mi cuerpo yaciendo plácidamente en la cama, era yo o mi yo espiritual el que se había separado de mi cuerpo físico y esa conciencia de mi ser espiritual y de todo lo que estaba viviendo era tan real   y palpable como cuando te cae una gota fría de lluvia en la cara o cuando sientes un dolor insoportable que te hace chillar.

En aquel estado difícilmente catalogable la medida de tiempo no importaba como así tampoco el espacio, sin control empecé a moverme a una velocidad inusitada  y me vi envuelto en un inmenso desierto nocturno de dunas de arena que me recordaron a la película Lawrence de Arabia, no me preguntéis la razón pero eso fue lo que se me pasó por la mente o conciencia o como se quiera llamar a ese flash de pensamiento, allí me quedé unos instantes recreándome en el silencio, sentí como la naturaleza formaba parte de mi y yo y mi infinitesimal existencia era irremediablemente parte de ella.

De nuevo me moví de donde aparentemente me encontraba y mi "yo" fue a parar a un paraje muy querido por mi, lo reconocía perfectamente aunque hacía años que no paraba por allí, un lugar que marcó mi infancia, era una casona que pertenecía a mi familia desde tiempos inmemoriales (eso al menos era lo que me contaba mi padre como historia de cuento a relatar en aquellas noches cuando el sueño no nos vencía) y donde pasábamos los veranos hasta que cumplí los doce años, si existía un lugar reconocible por mí donde había sido feliz sin dudarlo esa casa y sus muros antiguos de piedra lo eran.

Quise recorrer cada rincón, cada esquina vacía, como si de ese modo fluyeran con más fuerza si cabe los recuerdos allí vividos como estampas de una vida mejor, y entre recuerdos de risas y entusiasmo de un niño que quería comerse el mundo no pude evitar acordarme y que formara parte de ese espectáculo la idea inmaculada de mi novia Ana, la persona a la que tanto amaba, y sin saber como ni porqué me vi dentro de ese piso en el que a veces pasaba noches enteras en su compañía, no podía creerlo, era su piso, su recibidor con aquél mueble destartalado de la entrada donde Ana dejaba sus llaves, su salón pequeño con una mesa redonda en el centro, un sofá y una tele del año de la pingüina que Ana juraba y perjuraba que se veía bien (algo daltónica debía ser pues la pantalla se inundaba de un intenso color verdoso en lugar de azul  y el rojo apenas se vislumbraba). 

Al escuchar ruidos me alarmé, eran sonidos de jadeos como si alguien le estuviera haciendo daño y pensé en ese momento que todo lo acontecido aquella noche debía tener una razón y probablemente era para socorrer a Ana de una muerte segura a manos de un insensato ladrón, y quise entrar en su habitación  y romperle la crisma al choricillo de tres al cuarto pero no sabía como hacerlo, no tenía pies ni manos para moverme ni actuar en caso de peligro inminente, sin saber como y guiándome únicamente de mi instinto protector pude acceder a su estancia y  lo que allí me encontré no podré olvidarlo jamás, mi novia revolcándose de placer con mi mejor, hasta entonces, amigo Ernesto, quise gritar y que parara de una vez esa macabra escena de cama y lo que conseguí fue volver nuevamente a mi cuerpo despertándome al instante sudando a mares, con un intenso dolor de cabeza y un profundo cansancio, pareciendo que los kilómetros recorridos en ese viaje tan especial (miles diría yo) los hubiera hecho andando o al trote.

Ni que decir tiene que corté con Ana por sms, el mensaje rezaba lo siguiente "Ana, no te quiero. Adiós", fui seco e inexpresivo a conciencia, no podía contarle lo que sabía ni porqué medios los había descubierto, en cuanto a Ernesto no volví a hablar con él, sencillamente lo desterré de mi vida, tremenda traición no se merecía menos. 

Debo confesaros que intenté muchas veces conseguir nuevamente un viaje astral como el que os he relatado, me ahorraría mucho en billetes de avión para contemplar ciudades desconocidas para mí o hacer realidad unas de mis fantasías más recurrentes, colarme en un vestuario de señoras, pero nunca más lo logré, ahora no dudéis que si por arte de virle o virloque la experiencia se materializara de nuevo vosotros seréis los primeros en saberlo.

domingo, 28 de agosto de 2011

Nosotros a lo nuestro y los demás...


En este artículo no es mi intención ni mi deseo adoctrinar a nadie ni decir lo que los sevillistas tienen que pensar o hacer, Dios me libre, mi pretensión es únicamente exponer mi opinión al respecto de ciertos comentarios aparecidos en la red de redes twitter, y me explico:

Tras la derrota y eliminación de nuestro equipo de la Europa League a manos del equipo alemán del Hannover 96, parece ser que la afición del otro equipo de la ciudad, para más señas la del Real Betis Balompié, vulgarmente denominado Betis, comenzaron a meterse con nuestro equipo insultando y vejando a sus aficionados, en definitiva mofándose de nuestro club. Todo ello ocasionó que se respondiera  con insultos desde nuestro bando con expresiones como  por ejemplo "Puta Betis", o "morosos, a pagar o a segunda", todas ellas nacidas de la frustración y el desconsuelo que embargaba a los aficionados que habían puesto muchas ilusiones en la competición que recién comenzaba. y que, desgraciadamente, también recién finalizaba para nosotros.

Posteriormente, concretamente en el día de ayer al conocerse la victoria del Betis en el campo del Granada, se pudieron leer comentarios del tipo "uno sólo de nuestros delanteros valen como cinco de ellos" o "que malos debían ser los del Granada para que les ganara el Betis", todos ellos imbuídos en la creencia de que el Sevilla F.C. es superior al equipo de la otra acera.

Al respecto de todo ello, yo no puedo estar de acuerdo con este modo de pronunciarse, ya está demostrado que los localismos no son buenos para el Sevilla, yo quiero, puede que sea una aspiración difícil de conseguir, disfrutar de mi equipo y de sus triunfos sin necesidad de mirar de reojo al otro equipo, sentirnos felices por las victorias sin el añadido de buscar los fracasos en el otro, pienso que si conseguimos eso será un síntoma más de grandeza.

Se ha de reconocer que nuestra liga, de acuerdo con las aspiraciones de uno y otro, no es la del Betis, la rivalidad está bien, es incluso sana si no la llevamos al campo del fanatismo, pero opino que debemos sentirnos disgustados si gana Valencia, Villarreal, Atlético de Madrid o Atlétic de Bilbao, pues son los que en cualquier caso pueden llegar a conseguir los objetivos por los que con tanto ahínco luchamos, que gana o pierde el Betis nos puede disgustar más o menos o sentirnos contentos en ese instante, todo ello propio del "cainismo" que impera en nuestra ciudad, pero no llegar más allá.

Otro punto que quisiera aclarar es el tema de la humildad, reconozco que me gusta que mi equipo sea humilde aún teniendo razones para sacar pecho, la supuesta superioridad del equipo se debe demostrar en el campo de juego, que tenemos mejor equipo o que individualmente seamos mejores que el Betis aunque en teoría es indiscutible no nos puede sacar al bravucón que podemos tener dentro para machacar mediante la  palabra al contrario, pues después pasa lo que pasa, y a las pruebas me remito que cuando uno está mejor que el otro no siempre se gana, por eso yo prefiero el dicho sabio de "el que ríe el último ríe mejor" .

Todo lo dicho aquí podría resumirse por una frase acuñada por nuestro Presidente y que describiría perfectamente lo que quiero decir, y a ella me remito "Nosotros a lo nuestro y los demás a copiarnos".

viernes, 26 de agosto de 2011

Levántate y anda. Artículo de opinión del Sevilla F.C.


En este artículo no es mi intención hacer una crónica  exhaustiva del partido de ayer y de la eliminatoria , para eso tenemos a cientos de blogs de grandes sevillistas que de modo altruista llevan a cabo tal cometido y a los cuales debo darles las gracias por hacer lo que hacen, ahora si deseo expresar mi opinión a modo de pinceladas de lo que sucedió en los dos partidos.

Bajo mi punto de vista, e intentando ser absolutamente objetivo, me pareció que la eliminatoria llegó demasiado pronto para un equipo, el Sevilla F.C., que se encuentra aún en formación, con un nuevo entrenador y nuevos jugadores. El sistema, aún no siendo muy distinto en cuanto a su concepción con lo visto en años anteriores (4-4-2), en la práctica es diferente, los equipos de Marcelino tienen una idea de fútbol en la que yo estoy plenamente de acuerdo, todos atacan y todos defienden, presión asfixiante en el centro del campo y una vez se robe el balón salir rápido en ataque en busca del marco rival. Quiero pensar que la forma en que Marcelino desea que juegue su Sevilla lleva algo de tiempo y esa falta de rodaje la ha pagado con la eliminación. El equipo alemán, aún no siendo superior si tenemos en cuenta los elementos que componen su plantilla, si lo ha sido en cuanto a equipo, y eso debe reconocerse, sus jugadores sabían lo que debían hacer en cada momento y a falta de individualidades tiraron de oficio, de oficio y de aprovecharse de los errores de su rival, y si a esto le añadimos que ya se encuentran en competición habiendo disputado tres partidos de su liga pues, a mi modo de ver, ahí ha estado la clave.

Ahora saldrán aquellos que digan que los planteamientos de Marcelino fueron erróneos, que la planificación de la plantilla equivocada, o que ciertos jugadores no deben vestir jamás la camiseta del Sevilla, todas ellas opiniones válidas y legítimas aunque a mi modo de ver equivocadas, esto como quién dice acaba de empezar y no podemos pecar al pensar de que por un partido malo el equipo no vale, es evidente que ha sido un palo, un golpe durísimo para la moral de los jugadores y de sus aficionados pero, llámenme optimista, yo confío en este equipo, confío en sus jugadores, y que el tiempo nos pondrá en el lugar donde debemos estar y nos merecemos, eso no me cabe la menor duda.

Así las cosas, y como ya no se puede evitar el no entrar en el bombo para la competición de Europa League, cuando un equipo grande se cae por determinadas circunstancias al final se levanta, y el Sevilla es un equipo grande. Por ello, he denominado este artículo como el milagro de Jesús a Lázaro, "levántate y anda", pienso que el Sevilla no necesita un milagro, no llego a tanto, para conseguir levantarse de este mazazo, pero yo como sevillista pondré mi granito de arena para que se levante y eche a andar lo antes posible, mejor el próximo partido que el siguiente, la crítica en muchos casos hace que se espolee al equipo para salir con más fuerza como cuando el toro enfila la suerte de banderillas, en estos momentos yo veo al equipo mal, con una falta absoluta de confianza en si mismo y en sus posibilidades, y esta crítica sería muy perjudicial para su juego y el devenir de la competición, llegarían las dudas en los futbolistas e incluso en el propio entrenador, se pondrían nerviosos y estos nervios redundarían en los aficionados, lo cual indefectiblemente le haría perder partidos.

Yo tengo la firme creencia que, como en la vida, hay que estar en las duras y en las maduras, a todos nos gusta llegar a finales y ganarlas, eso es fácil, ahora el equipo nos necesita, ¿le vamos a negar esa ayuda?, por eso yo prefiero que se levante y ande a que se quede en el suelo sin posibilidad de levantarse por aquellos que no paren de golpearle.

lunes, 15 de agosto de 2011

Un hombre de paz

En este artículo, y haciendo un lapsus en mis vacaciones, me he decidido a escribir por la indignación y repulsa que me ha ocasionado lo acontecido con una persona muy querida y conocida de la blogosfera sevillista, me refiero a Giulio Guerrera, a partir de ahora lo denominaré Don Giulio por el respeto y admiración que le profeso.

Para quién haya quedado desconectado en estas fechas estivales de los "entresijos sevillistas", os diré a modo de resumen lo ocurrido con Don Giulio y cierto periódico de nuestra Ciudad, Estadio Deportivo. Don Giulio, en un intento de dar a conocer lo que se está cociendo en la Secretaría Técnica del Sevilla F.C., decide contactar con un miembro destacado de la misma, concretamente Victor Orta, para realizarle una entrevista que sería "colgada" en su blog, cosa que así sucede. Una vez publicada la entrevista en su blog, y sin previo aviso, sin conocimiento ni consentimiento por su parte, Estadio Deportivo, en adelante lo denominaré ED, publica íntegramente la entrevista en su periódico y firmando el artículo Giulio Guerrera. 

Os podéis imaginar el revuelo que se formó a partír de entonces, toda la blogosfera sevillista se unió en defensa de su compañero por lo que se entendía una manipulación y una utilización de información sin consentimiento de su autor. A partir de entonces, ciertos personajes, o personajillos, que al parecer escriben para ED empezaron su particular "huída hacia adelante" criticando, insultando e incluso faltándole al respeto no sólo a Don Giulio sino al resto de los que conformamos la bien llamada "blogosfera sevillista" en la red twitter, hasta que finalmente miembros de ED deciden ponerse en contacto con Don Giulio y le ofrecen un acuerdo de rectificación que se plasma con una publicación en la edición de este Sábado pasado, rectificación que Don Giulio considera satisfactoria para acabar con esta sinrazón.

Desde siempre yo he considerado que existen dos tipos de seres humanos, los hombres rectos que buscan la paz y aquellos, por contra, que entienden la vida como una pura confrontación, que se defienden atacando al contrario sin conocer las consecuencias que estos actos pudieran derivarse, y esta clasificación curiosamente viene como anillo al dedo a lo aquí sucedido y voy a explicarme. 

Por una parte, y en un extremo del ring, válgame el símil pugilístico, se encuentra Don Giulio, que aunque tengo que reconocer que no lo conozco en persona, en la lejanía siempre me ha parecido un hombre cabal, consecuente con sus ideas, ya te puedan gustar o no, que utiliza la palabra para expresar lo que piensa pero sin imponer por la fuerza sus opiniones. Cuando se ve envuelto en una disputa, no pienso que sea de las personas que las busque, pretende, sin traicionar a sus ideas, llegar a un entente cordial que haga que todas las partes queden satisfechas, aún cuando el acuerdo que se consiga no sea del todo favorable, en nuestro argot, expresión recurrente de cualquier abogado que se precie "más vale un mal acuerdo que un buen pleito", yo por esto tengo que aplaudirle y descubrirme ante él aunque opine que la rectificación de ED resulte algo escasa para el perjuicio que ocasionó.

En el otro extremo del ring, deben aparecen aquellos personajes siniestros que haciendo uso de su retórica periodística y sin más argumentos para reconocer su error, por contra, atacan sin discriminación para defenderse de todo aquel que siquiera ose criticar sus malas artes o su escasa profesionalidad, personas prepotentes que no conocen la humildad para reconocer el error cometido y pedir disculpas.

Cuestión aparte merece aquel miembro de ED que, insultando a los que conformamos la blogosfera sevillista, vino a decir que todos nosotros tenemos un escaso cociente intelectual (no se si utilizó el término de "coeficiente", en cualquier caso aún siendo un error todos le entendimos). Ante este ataque a mi se me ocurren muchos refranes que encajarían perfectamente en la concepción que podría tenerse de este Señor, como son "A palabras necias oidos sordos", o "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces",  todos ellos dichos populares  de enorme sabiduría y que por si solos describirían perfectamente la situación.

He echado en falta que periodistas de esta Ciudad se hicieran eco de lo ocurrido y escriban sobre ello para que estas practicas insanas e insalubres no vuelvan a producirse, pero ya se sabe en la profesión de periodismo existe el mal concebido por ellos como "corporativismo", pretendiendo echar la basura debajo de la alfombra para que no se vea, pienso que si aman su profesión se equivocan.

Ya para finalizar, si la vida nos diera la posibilidad de elegir que tipo de persona queremos ser, es evidente para mi que sería la de un hombre de paz como Don Giulio, otros en cambio me temo que ya tomaron otro camino que se demuestra con sus actos.